Patrón psicosocial ancestral femenino


                La observación desde tiempos antiguos es la herramienta más poderosa y significativa que tiene el ser humano científico para el desarrollo y compresión de las cosas y del cuerpo.

            Es increíble como todo en el mundo se reduce a patrones, situaciones que se repiten una y otra vez. Lo que es arriba es abajo. Podemos observar el interior de una célula y pudiera recordarnos al basto universo. Hoy en día ya es muy conocida la existencia de varios soles y como nuestra vía láctea a su vez gira alrededor de uno de ellos. Esa efímera observación me lleva a intuir hacia el interior de la mente humana, en la existencia de patrones psicosociales que alteran el juicio de las personas.

            Un claro ejemplo es la persistencia de las mujeres en permanecer en lugares donde les hacen daño, a permanecer con hombres que las abusan y las maltratan. Y al hablar con este tipo de víctimas, ellas simplemente no saben explicar que sucede o porque lo permiten, hablan también sobre “el miedo”. Miedo a lo desconocido, a no saber cuáles serían las consecuencias del tal atrevimiento.

            Como lo determino el psicólogo Edward Tolman en “la teoría del aprendizaje latente: se adquiere el conocimiento de manera inconsciente” en sus experimentos con ratones. Esto nos podría decir que nacemos ya con un conocimiento inconsciente por el actuar de nuestros antepasados. Por lo que las mujeres podríamos estar sufriendo negativamente de este conocimiento al haber sido sometidas en la mayoría de los países y civilizaciones por el hombre durante toda la historia. Este entonces debe venir del subconsciente y hace que las mujeres sometidas a este tipo de maltratos, por conocimiento adquirido generacional, se vean imposibilitadas y les resulte muy difícil salir de ese círculo vicioso.

            En todo caso, el psicólogo o psiquiatra al comenzar cualquier terapia con sus pacientes femeninas, debería primero realizar una ruptura de ese patrón psicosocial ancestral femenino o ese aprendizaje latente negativo para el progreso profesional y vital de cualquier mujer.

            También podríamos decir que la evolución humana puede retroceder. La evolución depende en gran medida de las acciones del humano del HOY que repercuten en el subconsciente del humano del MAÑANA.  

            Tal vez por eso toma tanto tiempo a la evolución llegar a un punto honradamente importante. Tal vez en el proceso de la evolución existen retrocesos y avances, no es una línea meramente ascendente. Los estudiosos de la sociología pueden determinar patrones en la sociedad en la que, está, constantemente se permite la distorsión de la moral en turno para estallar en revolución y contradecir las costumbres y así volver a el lugar donde comenzaron para volver a ese círculo revolucionario. Este lugar, el mismo lugar donde comienza la distorsión, ¿será en un grado significativamente arriba en la gráfica de la evolución? Tomaría años y décadas para que este patrón repetitivo ocasione una “subida” evolutiva. Lo importante a analizar sería: ¿los retrocesos son mayores que los avances?  ¿Los retrocesos son parte de la evolución?. ¿Haríamos bien en no preocuparnos si observamos decadencia social? ¿Haríamos bien en esperar a partir de esa decadencia una revolución de conciencia? ¿Podríamos garantizar, que el humano aprende algo del círculo revolucionario en su historia? Tal vez es tan lento que nuestra corta vida no será capaz de atestiguar y confirmar, ni siquiera por lo que leemos en los libros de historia.


            Si las de mujeres hoy, a 231 años  de un  posible inicio de la revolución femenina, no podemos deshacernos de una incontrolable necesidad de seguir nuestras vidas a lado de un hombre violento. ¿Cuándo será posible llegar a un verdadero quiebre del aprendizaje latente negativo?. ¿Cuánto tiempo nos tomará depurar ese error en el sistema? ¿Debemos resignarnos o luchar por joder al sistema evolutivo y tratar de ahorrarnos sufrimiento? Evolucionar duele. 

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